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Bulgakov

BIOGRAFÍA

Mijaíl Bulgákov nació en Kiev, Ucrania, el quince de mayo de 1891 en la familia de un profesor de teología eclesiástica.

Entre 1900 y 1909 estudió en el instituto Alexándrovskaya, el mejor de la ciudad. Durante sus años escolares Mijaíl ya demostró talento para escribir versos y relatos cortos, tocar el piano y cantar. En 1909 ingresó en la facultad de Medicina de la Universidad Imperial de Kiev, donde estudió siete años.

En 1913 Bulgákov se casó con Tatiana Lappa. Desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial trabajó junto con su esposa en un hospital militar, también estuvo en el frente adquiriendo experiencia en cirugía militar. En 1916 terminó la carrera y se fue a trabajar de médico rural a la provincia de Smolensk, en Rusia Central.

En octubre de 1917 los comunistas bolcheviques tomaron el poder en Rusia y unos meses después se desencadenó la guerra civil. Mijaíl Bulgákov fue testigo de la lucha entre los “rojos”, partidarios de los bolcheviques, y los “blancos”, seguidores de ideas monárquicas. En Ucrania la guerra civil estuvo marcada por el nacionalismo extremo.

Entre los años 1919 y 1921 Bulgákov vivió en el Cáucaso Norte, donde ejerció la medicina en el Ejército de los “blancos”. Enfermó de tifus y durante la ofensiva de los “rojos” no pudo abandonar la ciudad de Vladikavkaz. Tras recuperarse decidió abandonar la medicina y dedicarse a la producción literaria. En Vladikavkaz, tomada ya por los “rojos”, comenzó a escribir para un periódico local y compuso sus primeras obras dramáticas, una de las cuales, dedicada al 50.º aniversario de la Comuna de París, fue recomendada para su estreno en Moscú.

En 1921 se trasladó junto con Tatiana a Moscú, de quien se divorciaría tres años después para casarse con Liubov Belozérskaya. En 1932 el escritor se casó, por tercera vez, con Yelena Shilovskaya.
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STALIN AL APARATO

La labor literaria de Bulgákov

En los años veinte en Moscú Bulgákov escribió las novelas Corazón de perro (1925), Los huevos fatídicos (1924), Maleficios (1925), La Guardia blanca (1922-1924) y La isla púrpura (1927).

En esta misma época el escritor compuso las obras teatrales El departamento de Zoya (1925) y Los días de los Turbín (1926), esta última basada en la novela La Guardia blanca.

Casi todas estas obras fueron censuradas. Algunas de ellas, como Corazón de perro, no tuvieron ninguna posibilidad de ser publicadas ya que presentaban una crítica abierta, muy acertada y no menos divertida —el gran sentido del humor siempre fue uno de los lados más notables de Bulgákov— de la vida cotidiana de los habitantes de Moscú bajo los primeros años del Gobierno comunista. En la carta a Iósif Stalin el escritor hizo inventario de las reseñas sobre su obra en la prensa soviética: halló tres laudatorias; el resto, 298, eran “hostiles e injuriosas”. La obra Los días de los Turbín fue retirada del repertorio teatral tras haber sido representada casi en trescientas ocasiones. Todo eso no solo influía en el estado anímico del escritor, sino también, de un modo directo, en su situación financiera: no tenía dinero.

Al ver el destino de sus obras literarias, Bulgákov trató de encontrar trabajo de director teatral,  pero nadie quería contratarlo. En este ambiente de desesperación decidió escribir a Stalin.


“Stalin al aparato”

Iósif Stalin apreciaba el arte escénico y era espectador asiduo en los teatros de Moscú de manera que el apellido de Bulgákov no le resultaba desconocido. Al secretario general le gustaba especialmente la obra Los días de los Turbín, que narra la historia de una familia de aristócratas intelectuales partidarios de los “blancos” involucrados en la guerra civil.

Stalin recibió la carta y llamó a Bulgákov por teléfono. El diálogo fue así:

—¿Realmente quiere abandonar el país?  —preguntó Stalin— ¿Qué sucede? ¿tanto le aburrimos?
Tras una pausa Bulgákov respondió:
—He meditado mucho sobre si puede un escritor ruso vivir sin su patria. Y me parece que no.
—Tiene razón —contestó Stalin—. Opino lo mismo.

El mandatario aconsejó a Bulgákov que se dirigiera al Teatro del Arte de Moscú, donde deseaba trabajar. “Me parece que se acordarán de usted. Tenemos que vernos y hablar”, añadió Stalin. El dramaturgo quedó totalmente entusiasmado con la idea, que le dio esperanzas de ser aceptado y comprendido en un grado mucho mayor que el que le ofrecía la censura oficial soviética. Sin embargo, lo cierto es que Stalin nunca volvió a hablar con él, aunque Bulgákov recordaría aquel dialogo el resto de su vida. Inclusive, escribió varias cartas más al gobernante soviético pero nunca obtuvo respuesta.


Sano y salvo en medio de las purgas

Pese a la conversación con Stalin y el trabajo obtenido, los problemas del escritor no se terminaron. Aunque el jefe de Estado, además, ordenó que continuara la presentación de Los días de los Turbín, antes prohibidos por la censura, el resto siguió como siempre. Las nuevas obras de Bulgákov fueron recibidas muy fríamente por la crítica soviética, algunos de los espectáculos que dirigía fueron primero aprobados y luego cancelados a pesar de meses de ensayos; el autor tenía muchas deudas que trataba de pagar con contratos para nuevas obras, pero a la mayoría les esperaba el mismo destino…

La tragedia de la aparición e inevitable desaparición de las esperanzas en una vida mejor persiguió siempre al escritor. Además de censura, en 1934 recibió una invitación para firmar los documentos para salir del país. Su exultante felicidad se desvaneció a los pocos días, cuando le anunciaron la denegación.

De todos modos el escritor sobrevivió a la época de las purgas estalinistas, la campaña de persecución y aniquilamiento físico de los opositores de Stalin que acabó con mucha gente del mundo del arte. Salir ileso de estas purgas fue un milagro: en su carta al líder soviético Bulgákov reconoció: “En cuanto a escribir una obra comunista, ni siquiera lo intento ya que sé a ciencia cierta que no seré capaz de crear un escrito semejante”.

Durante todos estos años de escasez económica, de ausencia de reconocimiento y de crítica cruel, Bulgákov continuó trabajando, conservando su estilo, sus ideas y su opinión personal sobre lo que le rodeaba. No le faltaba su humor habitual: en 1936 escribió la comedia Iván Vasílievich sobre el monarca ruso Iván el Terrible, que gracias a una máquina del tiempo llega a un congestionado apartamento comunal en el Moscú de los años treinta.

Escribió múltiples narraciones, relatos y obras teatrales. Una de ellas fue la adaptación de Don Quijote para el Teatro del Arte de Moscú. Bulgákov respetaba tanto esta obra cervantina que incluso aprendió español para poder leer la versión original.


El diablo visita Moscú

Pero la verdadera cima del arte de Bulgákov es El maestro y Margarita, una novela filosófica que contiene el reflejo completo de la concepción del mundo del autor, sus ideas sobre el hombre, Dios y el diablo. El escritor comenzó a desarrollar su obra predilecta en el año 1928 y continuó perfeccionándola hasta su muerte. En la novela creó dos mundos paralelos: uno en el Moscú de los años treinta del siglo XX y el otro en el Jerusalem dominado por Roma, con su versión sobre la vida de Jesús tras su llegada a la ciudad.

El diablo, bajo la apariencia del profesor alemán Voland, aparece en Moscú en compañía de una cohorte de demonios, entre los que destaca un enorme gato negro. La comitiva de Voland provoca toda una serie de malentendidos, incendios y desastres. No es la primera vez que el diablo visita Moscú: Voland opina que los moscovitas de entonces son como los de antaño pero los problemas de la escasez de vivienda les han afectado demasiado.

Mientras tanto, en un sótano de la ciudad, el maestro, un escritor que no logra reconocimiento para sus obras pero continúa creando inspirado por su amante Margarita, crea una novela que recoge una nueva versión del Nuevo Testamento y donde el episodio central es el encuentro entre Jesús —llamado en la obra Joshua Ga-Nozri— y el procurador de Judea, Pilatos.

En el libro El maestro y Margarita Mijaíl Bulgákov entrelaza las historias de todos los personajes hasta convertir la novela en una fantasía cosmogónica.

Bulgákov, ciego por su enfermedad, continuó redactando la novela hasta sus últimos días de vida. Antes de morir el diez de marzo de 1940 le dijo a su mujer: “Lo único que siento es que nadie vaya a leer mis libros”.

La primera versión de El maestro y Margarita no salió hasta finales de 1966 y principios de 1967 en la revista Moskvá y la edición completa apareció en 1973. A partir de entonces el nombre de Mijaíl Bulgákov obtuvo fama nacional.

Se hicieron célebres muchas frases de las obras de Bulgákov y, en especial, del texto de El maestro y Margarita:

-“¿Qué haría tu Bien si no existiera el Mal?”
-“Los manuscritos no arden”
-“Nunca pida nada. Nunca y nada y, en especial, a los que son más fuertes que usted. Ellos mismos se lo ofrecerán y se lo darán todo”
-“La lengua puede ocultar la verdad pero los ojos, nunca. La verdad, preocupada por una pregunta, saltará por un instante desde el fondo del alma a los ojos, y todo se acabó. La han visto y usted está capturado”.



Libertad primero

Mijaíl Bulgákov escribió en su carta a Stalin: “Soy un ferviente defensor de la libertad y creo que, si algún escritor intentara demostrar que la libertad no le es necesaria, se asemejaría a un pez que asegurara públicamente que el agua no le es imprescindible”.

Fuente RUSOPEDIA

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